Las ciudades creativas: hurgando en el slogan

Por Pau Rausell Köster

 

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Capitalismo cultural y creación.

La hipótesis del capitalismo cultural es aquella que nos indica que los procesos de generación de riqueza (y consecuentemente su distribución) se están ubicando con mayor intensidad en la producción de bienes simbólicos –entre ellos los culturales – frente al modelo del capitalismo industrial/comercial, donde el origen principal de creación de riqueza se asentaba en la producción de bienes tangibles.

La capacidad creativa, por tanto, se convierte en el principal y casi único atributo en la señalización de los creadores que se ven liberados de los largos y costosos procesos de adquisición de competencias técnicas. Esto significa, por un lado la ampliación potencial de la oferta creativa, pero también la necesidad de contar con nuevos mecanismos, probablemente más complejos para señalizar socialmente el valor de lo creado.

Creatividad y desarrollo urbano.

No cabe duda, que cada vez más, la competitividad de los territorios va a depender de cómo se gestiona su dimensión simbólica. En este contexto la capacidad del territorio como contenedor de significados deviene en un elemento central en la gestión del espacio. Especialmente la ciudad por sus propias ventajas en al ámbito de la concentración de significados, adquiere una centralidad creciente y tanto desde el ámbito académico como de la planificación urbana se admite sin reservas que los modelos de gestión de la dimensión cultural ya no son sólo una mera acción ornamental de la acción pública, sino que se convierten en elemento estratégico.

La “ciudad creativa” se ha convertido en un slogan reiterado en toda estrategia urbana. El conjunto de las ciencias sociales se ha lanzado a tratar de aprehender un atributo que difícilmente podemos definir con conceptos más o menos operativos para la acción pública, que sólo podemos medir a partir de variables proxy y sobre el que existen muy pocas experiencias para gestionarlo. La creatividad como atributo urbano tiene que ir dejando de ser un eslogan para convertirse en un concepto acotado, preciso y mensurable que permita su incorporación en las agendas de política urbana como objetivo final en un marco de cierta racionalidad instrumental del desarrollo de estrategias de fines-medios.

Los distritos culturales y la creatividad.

Paralelamente a este proceso en la literatura de la economía de la cultura se ha venido utilizando la categorización de “distrito cultural”, como espacio de producción cultural – a veces ligado a la ciudad- y que consiste en la concentración en el espacio y el tiempo de actividades económicas ligadas a un grupo determinado de bienes y servicios culturales y que muestran una conexión especial con el territorio.

El incremento de la conectividad a través de las TIC’s y la aparición de nuevos modelos de negocio de las industrias culturales, desintermediados y que no requieren del elevado grado de concentración de las industrias culturales tradicionales puede poner en cuestión estos procesos de mera concentración física del talento. Esta estrategia muestra también limitaciones en un entorno dinámico donde diversos centros urbanos compiten por un stock de talento finito. A nuestro entender las propuestas tienen que sofisticarse a partir de un conocimiento más profundo de los determinantes y los efectos de los creadores/as y la creatividad.

Resulta necesario que el conjunto del sistema de conocimiento profundice con mayor intensidad sobre el concepto de creatividad y sus vínculos con el desarrollo integral de los espacios urbanos. Especialmente es necesario proponer marcos metodológicos de consenso que reflejen cuantitativamente los “contenidos creativos” de los territorios y establezcan modelos de relaciones causales. Hay que convertir el eslogan de las ciudades creativas en la agenda efectiva de un programa científico y de políticas urbanas.

 

 

Tomado de:

http://www.kreanta.org/ambito_08/hurgando_en_el_slogan.php