JOHN CONSTABLE: El nacimiento del paisaje moderno

La gran preocupación de Constable: lograr mantener la espontaneidad del boceto en el cuadro grande final. La pintura de paisajes, concebida con el espíritu de la verdad humilde, puede ser un medio de transmisión de ideas morales.

Por Jesús Yuste
Crítico de Arte
Arvo Net.

Entre los grandes predecesores del paisaje moderno, John Constable (East Bergholt, Suffolk, 1776 -Londres, 1837) es sin duda uno de sus mayores representantes. En cierto sentido, Constable es el auténtico iniciador del paisaje moderno, si por ello entendemos el punto de origen que remueve los cimientos de la manera de captar los fenómenos naturales y de plasmarlos en el lienzo. Él sabe percibir los fenómenos de la naturaleza in situ, sobre el terreno, y sus primeras impresiones o bocetos de lo que después trabaja en el estudio suponen una nueva forma de tratamiento del paisaje.

Pero, ¿en qué consiste la modernidad de Constable?, o dicho con otras palabras, ¿dónde encontramos las huellas del Constable moderno? Para dar una respuesta satisfactoria a estas preguntas tenemos que adentrarnos en la evolución pictórica del artista inglés. Pues bien, en general se puede decir que la evolución de Constable es lenta, y que hasta comienzos de la década de 1810 sus trabajos no suponen una verdadera renovación en la pintura del paisaje del natural. Pero es a partir de ese año, 1910 -realmente productivo en el quehacer del pintor inglés- cuando obras como Flatford Mill from a Lock on the Stour (1810-1811) y Barges on the Trour at Flatford Lock (1810-1812) evidencian una forma de captar la naturaleza completamente novedosa, que marca de alguna manera el inicio del paisaje moderno.

Su principal novedad consiste en sus bocetos tomados del natural. En ellos se deja llevar, tanto en el trazo como en la inspiración, por el sentimiento que le proporciona el paisaje de su Suffolk natal. Sus gruesos trazos desenvueltos, vigorosos, en un marco abocetado, son de una modernidad manifiesta. El ejemplo tal vez más elocuente es el revolucionario Flatford Mill from a Lock on the Stour, que hoy día nos sigue pareciendo de factura moderna, próxima -por curioso que pueda resultar- a un postimpresionismo rayano con el expresionismo. Constable, en este óleo, se ha observado sabiamente, intenta librar su mente de cualquier noción preconcebida sobre la pintura. El trabajo del pincel es directo y espontáneo. El cielo es como una capa espesa y firmemente pintada como el propio paisaje, formando una parte integral del conjunto. Constable no está interesado en agradables efectos de luz, tono y color; su intensa experiencia ante la naturaleza es casi crudamente trasladada a la pintura.

En este sentido, al espectador moderno los bocetos de Constable le sorprenden en primer lugar por su espontaneidad y fidelidad a la naturaleza, por el brío de su toque, por las pinceladas cargadísimas trabajadas con la espátula, por los toques de luz centelleantes y las ricas sombras. Un ejemplo, entre otros muchos, es su boceto de por aquellos años titulado Willy Lott”s House (c. 1810-1816). En él se aprecian fuertes contrastes tonales y una enfatizada respuesta a la luz cambiante, el agua y el abundante follaje de plantas y árboles.

Todo ello explicaría la verdad que Constable perseguía: luces-rocíos-brisas, lo floreciente y lo fresco, nada de lo cual había sido todavía perfeccionado por ningún pintor en el mundo. No lo seco sino lo húmedo, no lo lineal sino lo atmosférico, no lo penetrante, sino lo fugaz. Constable busca, como él mismo dice, “capturar los aspectos más abruptos y transitorios del claroscuro de la naturaleza (…) para hacer permanentes muchas de esas espléndidas pero evanescentes Exhibiciones, que siempre están teniendo lugar en la inacabable variedad de la naturaleza, en sus eternos cambios”.

De ahí que los bocetos se adapten mejor a las pretensiones del artista. Esas primeras impresiones de los lugares por él tan conocidos son más verdaderas, sin duda, que los cuadros finales, trabajados en el estudio de cara a las exposiciones oficiales y a una clientela que no sabe apreciar lo novedoso de sus bocetos. Ciertamente, aún no ha llegado la hora de que éstos puedan ser expuestos y valorados por la crítica, cosa que por otra parte a Constable no parecía preocuparle en exceso. De ahí que valore los bocetos tanto, al menos, como las obras más acabadas, más detallistas, pero donde se pierde parte de la frescura del original, de trazo más suelto y espontáneo. Este es el gran problema, la gran preocupación de Constable: lograr mantener la espontaneidad del boceto en el cuadro grande final.

Pues bien, en 1821, el pintor inglés parece lograrlo en su obra maestra, la famosa The Haywain . Nacida de un cierto número de estudios y bocetos al óleo, como es costumbre en Constable, se desarrolla a través de un estudio del mismo tamaño que la obra definitiva, lista para exponer, práctica también habitual en el pintor. Lo cierto es que a través del largo proceso de composición, se pierde irremediablemente algo de la naturalidad del primer contacto con la naturaleza, pero en The Haywain la frescura se mantiene casi por completo. Cuando la obra es expuesta en París, Delacroix queda tan impresionado por el esplendor y la contextura del cuadro de Constable, que retoca su Matanza de Quíos , dándole más transparencia y añadiendo empaste para acentuar la luz.

Y es que, en efecto, en sus mejores obras, como The Haywain, Constable eleva el naturalismo a un nivel superior. Cree que siendo la naturaleza la revelación más clara de la voluntad de Dios, la pintura de paisajes, concebida con el espíritu de la verdad humilde, puede ser un medio de transmisión de ideas morales. En este sentido, Constable supone que para apreciar cualquier paisaje, uno debe aprender primero a ver la naturaleza con claridad, lo que requiere pureza de corazón.

Pero hay, si se puede decir así, un punto de inflexión en la carrera del artista. En 1828, su esposa, gravemente enferma, muere de tuberculosis. Constable, que la amaba profundamente, sufre el golpe de la pérdida del ser querido y a partir de entonces sus pinturas expresan dolor y un desgarrado sentimiento. Sus composiciones se hacen, en general, más nerviosas, inquietas. El ejemplo más elocuente de este estado de ánimo es el atormentado Hadleigh Castle , exhibido en la Real Academia en 1829. La apasionada intensidad de la obra se ve recrudecida por las anchas masas de luz y sombra. El sentimiento desolado, lejano del sereno naturalismo, se hace dueño de sus pinturas, ya nunca tan equilibradas, aunque por otra parte nunca tan intensamente dramáticas. Las obras de los últimos años son, salvo excepciones como el sobrio, desnudo, Watermeadows near Salisbury (1829), de una agitación -reflejo de su mundo interior- que en ocasiones se ha llegado a calificar de manierista. Pero Constable, también salvo contadas excepciones, no exagera, tan sólo expresa su sentir atribulado en los años inmediatamente posteriores a la muerte de su esposa.

El cambio experimentado en Constable es expresado por él mismo cuando escribe: “Todo rayo de sol se ha retirado de mí, al menos en el arte. ¿Por qué maravillarse, entonces, de que yo no pinte más que tempestades?”. Y tal cambio se comprueba al contemplar sus versiones -tan distintas y espléndidas todas ellas- de la catedral de Salisbury. Desde la vigorosa y desenvuelta Salisbury Cathedral from the River (1820s.), a la más clásica Salisbury Cathedral from the Bishop”s Grounds (1823), equilibrada y de serena belleza. Su última versión de la Catedral, Salisbury Cathedral from the Meadows (1830-1831), en especial su último estudio de grandes dimensiones previo a la versión definitiva, es grandioso. Nunca se ha pintado con tan fuerte intensidad el ambiente, la atmósfera, de una tormentosa tarde-noche inglesa. La tierra, espesa, de color marrón oscuro, mezclada con el verdor húmedo, el carro atravesando a duras penas el río. Y sobre todo el cielo, la clave del sentimiento en palabras del propio Constable, cruzado por agitadas nubes, conforman una extraordinaria capacidad de ambientación o potencial expresivo, como se le quiera llamar. Uno se siente metido por completo en la escena mientras contempla absorto el paisaje. Constable logra crear, con especial maestría, esa mezcla de paisaje unido a sentimiento que constituye la más plena anticipación al paisaje moderno.

Tomado de:

http://arvo.net/estetica/john-constable-el-nacimiento-del-paisaje-moderno/gmx-niv593-con10129.htm