Exo Representatio

                  Discurso y representación en la Edad Media y el Renacimiento

Por Carlos Federico Weisse

 

Introducción

Siempre atrajo nuestra curiosidad el hecho de los cambios radicales de la representación en la historia del arte, esto no puede deberse sino a profundas transformaciones en la subjetividad que se producen en una época dada y que se traducen, como no puede ser de otra manera, en la expresión artística.

La pregunta que orientará en ese sentido nuestras reflexiones será por consiguiente: ¿Qué es lo que motivó la aparición de la perspectiva en la representación renacentista y qué es lo que desencadena su desaparición con el comienzo del siglo XX? Tenemos presente que esta dimensión de la perspectiva dominó la representación en el arte durante aproximadamente quinientos años, y que si bien en el transcurso de los mismos hubo numerosos y profundos cambios, éstos nunca tocaron las coordenadas perspectivistas. Debemos aclarar además que cuando nos referimos a la perspectiva lo hacemos en un sentido muy amplio, en el cual el sujeto de la representación se ubica en un punto de vista geometral desde donde mira la escena. Haciendo todas las salvedades que se quiera esta representación en perspectiva es válida en las artes plásticas y en la literatura. De lo que se trata en esencia es del modo básico de representar en el arte.

Nos ubicaremos entonces en la modalidad de una manera característica de reunión de las cosas que Heidegger llamó paraje y que si bien el filósofo lo refirió a la escultura creemos que puede hacerse extensivo al resto de las artes en el sentido de definir un ambiente, un clima, una cierta in variancia característica de una época;  por lo menos así lo proponemos nosotros y desde ese punto de vista podemos hablar de un paraje renacentista, barroco, neoclásico, romántico etc.

Concretamente Heidegger define al paraje como: “Una encarnación que, cuando abre un paraje y lo custodia, mantiene lo libre reunido a su alrededor, presta permanencia a cada una de las cosas, y otorga al hombre un habitar en medio de ellas”. Creemos que el concepto de paraje -Heidegger lo denomina experiencia y no concepto- está constituido por un espacio de contemplación, un ámbito desde el cual la obra adquiere consistencia y existencia, sobre todo una  consistencia que depende de la existencia del vacío como un elemento esencial al que la obra recubre y abraza. Vacío que implica un poder convocante que cada obra arroja delante de sí, incluida la distancia y el ángulo del que surge algo del orden de lo cifrado.

Pero notamos que la instauración de la perspectiva es de otro orden que el paraje, es por así decir el universo, las líneas de fuerza sobre las que el paraje se asienta. Si analizamos por ejemplo la representación de la edad media y del gótico, su epígono más brillante, la vemos gobernada por un eje vertical en el cual el punto de vista que se instala es la mirada de Dios sobre el cual se instaura el paraje de lo sagrado. Así las imágenes tienen un valor simbólico, sagrado y de acuerdo a esos valores se establece su tamaño relativo, al lado de una gigantesca “maestá”, rezan dos diminutos donantes en una actitud cuya humildad es totalmente extraña a la despectiva altivez de su vida real. El cielo dorado de sus retablos es mas una promesa de bienaventuranza que la diáfana atmósfera renacentista y el hieratismo de sus imágenes, la rigidez y majestad de su porte junto con el escamoteo de la morbidez de la carne genera ese clima conventual que respira su arte. Es efectivamente un paraje para ser mostrado a los ojos de Dios, una ofrenda y al mismo tiempo un sacrificio. Este arte puede ser considerado tal en un sentido amplio pero no en un sentido estricto, pues su ser arte no figuraba en su producción, dado que el concepto de arte no había realmente emergido todavía en la conciencia general.

Pero es justamente esta proyección vertical la que naufraga y con ella el paraje gótico medieval, las altas torres comienzan a derrumbarse, los castillos feudales dejan de ser el centro del poder. Los conventos – La Iglesia en general- mostraron sus lacras transformadas en fuentes de corrupción y venalidad; las cruzadas exhibieron su verdadero rostro: el del pillaje, el robo y el asesinato junto con la diseminación de la peste traída de Oriente, todo este conjunto daba el tono de decadencia y deterioro expresado por el naufragio de un discurso. Se derrumba así el mundo de lo sagrado y surge entonces el horizonte del mundo humano, el eje predominante ya no será vertical sino horizontal, será la línea del horizonte que orientará la perspectiva.

La era del arte

La perspectiva fue inventada por Filippo Brunelleschi para representar un espacio de tres dimensiones en una superficie plana en la medida en que en el confluían el saber de la arquitectura con el de la orfebrería. Pero la perspectiva generó como dijimos no sólo una nueva forma de representación de lo real, sino las condiciones, el marco sobre el cual lo real fue representado en los casi cinco siglos subsiguientes. Entendemos a dicha perspectiva no como algo que solamente pertenece al ámbito pictórico sino en un sentido muy amplio, esto es, como el marco sobre el cual se ubica la posibilidad de representación que denominamos paraje y que corresponde a la escena del mundo, la entendemos entonces  como un concepto que abarca tanto las artes como las ciencias y el pensamiento en general, en lo que podríamos llamar el descenso del hombre de los cielos a la tierra.

Si nos referimos ahora a la literatura debemos citar obligadamente a los humanistas antecesores del renacimiento y entre ellos Dante, Petrarca y Bocaccio. Pero debemos definir que llamamos perspectiva en el plano literario. En la Divina Comedia se concibe una obra alegórica que en realidad es un cuadro político, histórico y ético del siglo XIII inspirado en el conocido tema medieval del “tránsito de las almas” después de la muerte; Infierno, Purgatorio y Paraíso son los tres destinos que constituyen las tres partes en que se divide la Divina Comedia. Como hemos dicho en la Edad Media muchas obras llevaban por título “itinerario del alma” y en ellas se hablaba de la peregrinación de las almas a través de las regiones extraterrenas. Dante adopta el mismo tema pero le da un giro decisivo:

En primer lugar porque el que juzga sobre el destino de las almas que se mueven a lo largo de su obra no es Dios, ni La Providencia, ni el Diablo sino Dante; él mismo se ubica en el lugar de decidir sobre el destino de un alma, y su juicio estará de acuerdo con sus sentimientos personales en cada caso: El Paraíso para los que ama y el infierno para los que odia.

En segundo lugar, no es el poeta anónimo, escondido detrás de su obra, sino que exhibe su nombre  y su personalidad para perpetrarse, de manera que bajo el aspecto formal de un texto medieval, resalta el sentimiento, la pasión y la emoción del artista creador.

En tercer lugar, Dante destaca repetidamente el tema de la libertad del hombre para decidir, expresión acabada del individualismo renacentista.

Petrarca, admirador profundo de san Agustín, lee en las Confesiones: “Van los hombres a contemplar las cimas de las montañas y se olvidan de sí mismos”. Esta frase la escribe San Agustín después de ascender al monte Ventoso. En esta ocasión su alma de místico siente la inmensidad de la Creación, la finitud del hombre y la maravilla de la existencia de Dios. Petrarca profundamente impresionado por esta experiencia, quiere revivirla en sí mismo. Asciende a la alta cumbre; pero en la cima, en lugar de hallar a Dios, se extasía en la contemplación de la Naturaleza y en la capacidad del hombre que, siendo tan pequeño, puede lograr la gloria y la felicidad creando al igual que Dios.

En el siglo XII, el latín era la lengua de expresión culta, nace sin embargo en Europa una poesía incipiente en los idiomas nacionales, el género de expresión predominante es el poético y sus temas son generalmente épicos o amorosos. Había una vertiente popular, expresada en una poesía oral y cantada por los juglares, los más comunes eran los cantares de gesta que cantaban las proezas de los héroes de caballería. Otra vertiente había tenido origen en las cortes, cultivadas por personajes nobles y cultos representados por los trovadores y sus temas eran predominantemente amorosos en menor medida satíricos, el centro de irradiación de este género fue la región provenzal del sur de Francia.

El Renacimiento lleva a la excelencia artística las lenguas regionales, al mismo tiempo, el desarrollo del saber en todas sus formas requiere del refinamiento y desarrollo del lenguaje escrito como medio privilegiado de expresión, que gracias a la invención de la imprenta y la posibilidad de difusión masiva de los escritos expande rápidamente la escritura en toda Europa.

Pero concomitantemente el Renacimiento entronizó a una figura emblemática: el humanista. Dante, Petrarca y Bocaccio tuvieron en si una actitud ambigua con respecto al lenguaje por un lado escribieron obras maestras en lengua italiana, predecesores del humanismo al mismo tiempo se avergonzaban de haber escrito en idioma vulgar. La antigüedad clásica se presentaba para ellos como el modelo incuestionable y comenzaron a cuestionarse el haber escrito en lengua vulgar, considerándola un accidente en la historia de su pensamiento, o una concesión a la noche de los tiempos.

La antigüedad se mantiene por todas partes presente y viva durante la edad media italiana y el Renacimiento no la descubre radicalmente, sino que este es el recrudecimiento de una venerable tradición. La iglesia se limita a tolerarla asignándole un lugar subalterno, pero esta antigüedad ha soportado tantos contactos extraños y ha quedado expuesta a tantas invasiones que sale de la Edad Media alterada

El Renacimiento va a entonces a  restaurar sus valores, como dijimos, aquella  no había desaparecido jamás del horizonte de Italia, no “descubre” radicalmente la antigüedad  sino que provoca el  recrudecimiento de su tradición y aquí el pivote fundamental del cambio gira en torno a la situación de la Iglesia. Durante la Edad Media la antigüedad fue duramente criticada y combatida por las jerarquías eclesiásticas. El obispo de Verona, Raterio, se irrita contra los doctores “que toman su propia estupidez por la verdadera ciencia” y prefieren las fábulas antiguas a la Historia Sagrada; el obispo de Mantua, Gumpolo, condena vehementemente a quienes olvidando las letras divinas, se entregan a las ciencias profanas; Piero Damiano se percata con tristeza de que “los monjes, menos interesados por las reglas de San Benito que por las reglas de Donato, se mezclan con insolencia entre el auditorio teatral de los gramáticos y originan vanas disputas entre los seglares y en medio de los rumores mundanos”.

Lo que va a provocar el Renacimiento es el reinado, el prestigio absoluto de la Antigüedad que se convierte entonces en sinónimo de elevación y calidad, era lo hermoso, lo bello. La humanidad tiene la sensación de haber despertado de un largo sueño y la Antigüedad viene a revelarle la verdadera naturaleza, el mundo actual se presenta bajo esta luz mediocre, mezquino, enfermo, sucio,  lleno de prejuicios, de errores y de supersticiones. Hay que destruirlo, hacer tabla rasa y reemprender con nuevos esfuerzos la experiencia intelectual, hay que someterlo todo a crítica y ponerlo de nuevo en revisión. Pero todo lo dicho no resulta solamente una moda, es algo que se convierte en regla, en ley. Y esto no toma solamente la literatura, el arte y el pensamiento sino que penetra  la vida misma. Aparece la figura del erudito, del artista y la figura del amor al Saber, su lengua natural es el latín. Este erudito, el humanista no es únicamente el que conoce profundamente a los antiguos y que en ellos se inspira; es aquel que se siente fascinado por su prestigio, que los imita, los repite, adopta sus modelos y modas, sus ejemplos, sus dioses, su espíritu y su lenguaje.

Era evidente que semejante movimiento tendía a neutralizar el fenómeno cristiano y por lo tanto tenía que encontrar un obstáculo en su camino, éste no es estrictamente la Iglesia – que lo acoge y lo pone a su servicio- sino el de la fe. Los predicadores, los hijos de san Francisco, los cristianos fervientes comprendieron que el entusiasmo que orientaba al mundo intelectual hacia el humanismo era un sentimiento en el que se agazapaba el paganismo y decidieron oponer un dique a esa corriente. Para ellos el culto a la civilización que ha adorado a los dioses paganos es una herejía y los poetas grecolatinos son nada más que maestros de frivolidad y obscenidad; las voces que se alzan son las de Giovanni Dominici, Giovanni de san Miniato y otras. Pero el humanismo sale triunfante de ese enfrentamiento.

Nace entonces un hombre nuevo que es asignado a la tarea de resucitar aquella patria desnaturalizada por el cristianismo, en este sentido el humanista, el poeta, el filósofo, el artista, a menudo todo esto junto, representa el espíritu del Renacimiento cuyo punto de vista ha descendido a la tierra, se ha hecho crítico, realista y cuya expresión global esta organizada por la perspectiva.

¿Cómo podemos caracterizar la operación discursiva que a nivel social permitió la emergencia de este tipo nuevo de subjetividad? ; ¿Por qué un discurso organizado alrededor de la imagen omnipresente de Dios en el arte, que hacía del concepto de obra algo anónimo y colectivo, cuyo punto de vista se dirigía a lo alto y desde lo alto,  se unifica de pronto en un eje horizontal y terreno, donde se ama la obra individual y el cuerpo vuelve a ser sede de los placeres, y donde la vida se ubica en la tierra como en un sólido suelo?. Hubo evidentemente un proceso de separación, de desalienación de ese discurso a favor de otro objeto de goce: el cuerpo, su imagen, el saber, la vida terrena, un nuevo concepto de la gloria y un uso refinado de la burla y el sarcasmo. El individuo adquiere así importancia, hay una mayor movilidad en las clases sociales, el poder y el prestigio ya no sólo es detentado por la nobleza y tiene la máxima importancia la acumulación del capital.

Desde el discurso teológico, cuyo significante amo era Dios colocado en el lugar del agente su mensaje va dirigido a la comunidad para producir el camino de la salvación del alma, cuya verdad se sostenía en la renegación del cuerpo y de su goce. En ese discurso sólo podía esperarse una representación de la deidad reinando sobre el mundo, cuyo modelo es el Pantocrátor bizantino o las ya citada maestá de Cimabue o las glosas de los escritos teológicos medievales. Obras cuyos artistas consideraban ofrendas y sacrificios o humildes artesanías como máximo, obras, en fin, no firmadas donde el autor es ignoto y, frente al descubrimiento de una obra descollante, por no llevar firma, la posteridad la bautiza historiográficamente como “maestro de”…

Este discurso cuyo paradigma son las grandes catedrales de los siglos XIII y XIV, erigidas alrededor de reliquias de la Virgen, santos y mártires  es el que sucumbe y es suplantado por el discurso renacentista. En este el significante amo es la Antigüedad clásica colocado en el lugar de la verdad  expresada por el individuo renacentista  que detenta ese saber y que ocupa el lugar de agente dirigido a los alumnos  que llenaron las nacientes universidades, los talleres de los artistas, los cursos de los humanistas, las escuelas que se desarrollaron por doquier  como expresión del espíritu  renacentista. Este amor por el saber universal va a producir entonces una obra firmada y fechada y cuya producción es la recuperación del goce del cuerpo pero tratando de ocultar  la raíz pagana.

Este cambio discursivo está en la base de la gran revolución representativa renacentista que tiene como paradigma un punto de vista subjetivo, que se enfrenta a lo colectivo y que se expresa, por ejemplo, en uno de sus más filosos productos, la sátira, el humor a veces la burla mas descarnada, el ingenio puesto al servicio de los más variados intereses. Pero lo que comanda lo que podríamos llamar el significante paradigmático es la ya mencionada perspectiva como concepto orientador de un cambio de eje fundamental de la mirada.

Email de autor:     cfweisse@fibertel.com.ar

Tomado de:

http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=3054

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