La imagen del Golf en las Revistas Ilustradas

por Ana Rimblas / Manuel Pérez-Petit
Álbum. Letras y Artes nº 79

La imagen del Golf en las Revistas Ilustradas

Golf de Sarlabot, 1935. Rene Vincent
Como algunos rituales de la Francmasonería, el juego del golf, al fin y al cabo también un rito iniciático, parece tener sus orígenes en la brumosa Escocia. Claro que también parece ser cierto que, como se empeñan en precisar algunos, antes de que comenzara a jugarse en Escocia ya se jugaba en Holanda un deporte llamado colf o kolf; aunque en realidad este último era en verdad más semejante al croquet o hockey que a lo que hay conocemos como golf. En cualquier caso, lo que sabemos con certeza es que es a mediados del siglo XVIII cuando se crea en Escocia el prestigioso Club de Golf de San Andrés.
El primer club de golf en el continente europeo fue creado en 1856 por un grupo de oficiales escoceses convalecientes en Pau, en los Pirineos franceses. Y la práctica de este deporte también llegó a Norteamérica con los oficiales de la marina escocesa. Aunque serían los británicos quienes llevarían el juego de los escoceses a los países del Oriente.

The Saturday Evening Post. 1915
A partir de ese momento el golf no hace sino extenderse y el número de personas que lo practican se multiplica, sobre todo en los Estados Unidos. Y aunque durante más de un siglo continuará siendo un deporte de las élites, las numerosas ilustraciones que desde las primeras décadas del siglo XIX dedicarán los magazines ilustrados a reflejar su práctica y el ambiente que a su alrededor se creaba, ayudarían a convertir el golf en un deporte popular. Por supuesto, en esa época el gran público, que todavía no lo juega, tiende a asociar el golf con ambientes exclusivos que facilitan la conversación entre senadores y hombres de negocios, pero también los romances, permitiendo lucir lo que comienza a considerarse la última moda; puesto que, como dejan ver estas divertidas ilustraciones, tanto en la manera de vestirse las mujeres, que muy pronto comenzarían a practicarlo y para las que de alguna manera el golf se convertiría en una vía de acceso a la sociabilidad con caballeros, como en la de estos últimos, tuvo gran importancia la moda, que además no hizo sino transformarse y multiplicarse en un sinfín de accesorios década tras década.

H.W.Gossard Company, 1924
En un principio, porque era allí donde existía un sistema de comunicaciones que facilitaba su distribución y un público educado que las consume, es en Gran Bretaña donde se desarrollan las publicaciones periódicas ilustradas. Con la aparición del Frank Leslies’s illurtrated Weekly y el Harperf Weekley la moderna ilustración nacía en América. Y durante las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX, coincidiendo con el espectacular progreso de la clase media americana y el culto a una nueva manera de vivir, el número de publicaciones ilustradas se multiplica en los Estados Unidos. Aparecen, entre muchas, muchas otras, Vanity Fair, con sus divertidos retratos de golfistas, el Ladie’f Home Journal, que también dedicaría muchas de sus páginas al golf, y por supuesto Life, con sus peculiares imágenes.

Golf-Club d’Alsace, 1935. Mullar
Convertido en un deporte cada vez más popular, el golf comienza también a aparecer en los carteles publicitarios, como los de la campaña de Coca-Cola de 1905, y, en este mismo periodo, en los de alguna marca de tabaco y, recordando sus orígenes, en los de algún whiskey escocés. Y a esto vienen a sumarse los carteles que a partir de ese momento anuncian las cada vez más extendidas, frecuentes e importantes, competiciones de golf. En definitiva, el golf fue un gran tema para los ilustradores de este periodo, que lo reflejaron de muy distintas maneras, logrando en muchas de ellas auténticas obras maestras.
Durante la segunda mitad del siglo XX la práctica del golf continuaría extendiéndose y evolucionando. Los nuevos medios de comunicación convertirían las grandes competiciones de este deporte de minorías en auténticos acontecimientos deportivos, haciendo de sus campeones personajes conocidos en todo el Globo. Evidentemente también el ambiente que se crea alrededor de su práctica continuó evolucionando durante este período. Como lo hicieron los atuendos y el material utilizado, cada vez más sofisticado. Hasta llegar al golf infográfico jugado en campos virtuales. Sin embargo, en el corazón de este deporte parecería continuar flotando algo de nostalgia por aquel golf que jugaban nuestros audaces bisabuelos y que tan bien supieron representar los mágicos dibujantes de las revistas ilustradas.


Epifanía, 2001. Peter Rostousky
New Perspectives in Painting

Unos pueden presumir de que sus obras ya estén colgadas en grandes colecciones y en museos. Otros, por su parte, aún son desconocidos, o casi, hasta por los más informados conocedores del arte. La mayoría son valores emergentes y, además, quieren serlo. Por algo han sido escogidos en un proceso de selección que ha implicado a críticos, comisarios de exposiciones, conservadores de museos y directores de galerías de una lista interminable de países, aunque siempre caben las dudas razonables que todo criterio práctico y selectivo conlleva por naturaleza, dado que, además de que por principio no todo lo que emerge por el hecho de emerger tiene por qué mantenerse, en el propio ejercicio de elegir por parte de quienes tienen la posibilidad y la potestad de ello siempre cabe descartar injustamente algo valioso. Pero lo que está claro, de entrada, es que merece la pena ver a los elegidos, pues tienen en común, en cualquier caso, dos elementos: haber aparecido en la escena del arte actual sobre la misma época -la década de 1990- y demostrar con sus obras -independientemente de que sea ésta su intención o no-, una vez más, que el arte de la pintura no está pasado de moda y no es aburrido sino dinámico, vivo, multidisciplinar y siempre nuevo.
Ante un libro como éste, que recoge en sus páginas 114 artistas jóvenes, uno siempre recuerda -y no se sabe bien porqué- las líneas con que Gombrich comenzó su Historia del Arte: “El arte, realmente, no existe. Tan sólo hay artistas”, lo toma como punto de partida a la hora de enfocar sus ojos hacia el universo artístico y todo lo que ello conlleva, y, despojándose en lo posible de ataduras y clichés, se sumerge en las aguas por las que discurren lo que de común, entrañable y permanente tenemos los seres humanos -parafraseando a Ricardo Gullón, que vino a decir lo mismo una vez en un comentario general sobre la obra de Juan Ramón Jiménez-, y que es eso que sólo en el arte -dicha sea esta palabra para entenderse-, en los artistas -en su intención o en su subconsciente, que tanto monta-, en las obras –que, al final, son por las que juzgamos nuestra propia vida- se encuentra. Porque si bien es cierto que ante grandes obras maestras el espectador tiene la tendencia a analizar al autor y no a lo que dice, y a buscar las claves de lo que se dice en la biografía de quien lo dice; no lo es menos que ante lo contemporáneo -o la expresión de ello-, el que mira -y quizá ve- una obra, intenta, por todos los medios, comprenderla entendiéndola y no siempre aprehendiéndola, y, como no lo consigue en muchos casos -entenderla-, o se turba o se queja o estudia o reniega o hace y experimenta todas estas cosas a la vez. Y en este detalle radica también el interés de Vitamin P, por su carácter recopilatorio de autores -un tanto enciclopedista por cuanto que cada uno es presentado en forma de un artículo con firma- y por mostrar sus obras a través de abundantes ejemplos.

The artist Franz Ackermann created here ‘The Great Journey’ from 400 metal panels – two huge colour screen walls.

Un centenar largo de propuestas diversas y en nada acomplejadas que demuestran fehacientemente que el arte de la pintura es un arte vivo que se mezcla con otras disciplinas o se reafirma y se yergue poderosa sobre el mundo para hacer del mundo un mundo nuevo cada vez, y sorprendente. Esto es Vitamin P. Una apuesta espléndidamente seleccionada por Barry Schwabsky que nos muestra, en apenas trescientas cincuenta y pocas páginas, lo que hay de destacable y nuevo en el mundo del arte, documentando con eficacia las preocupaciones, los intereses, las ideas y las tendencias más recientes, y que la editora británica Phaidon ha tenido el acierto de lanzar al mercado. 114 autores que demuestran que no ha desaparecido el rigor ni la inspiración. Que no ha muerto la pintura.
Es el caso, por ejemplo, de autores en los que el color como elemento vivo, dinámico y brillante, cobra un protagonismo central, como en la obra de Franz Ackermann (Neumarkt St. Veit, Alemania, 1963) Helicóptero XXI (invitación), que sumerge al espectador en una especie de nuevo laberinto, o como en Sin título, de Katharina Grosse (Friburgo, Alemania, 1961), en quien el color lo cubre todo. Pero también de otros cuya apuesta por la figuración es clara, como demuestra el “intransigente” en su determinación de que la pintura siempre existe Yan PeiMing (Shangai, China, 1960) en Buda, Elizabeth Peiton (Danbury, Connecticut, EE.UU., 1965), en la puesta en escena que es Prince Eagle (Fontainebleau) o en la obra de Lucy McKenzie (Glasgow, Reno Unido, 1977), en la que todo está al borde de la esquizofrenia -si no en ella-, como en Eres útil, por lo que puedes estar (pero sólo un ratito).

Lucy McKenzie and Paulina Olowska, Oblique Composition performance view, …

Kai Althoff (Colonia, Alemania, 1966) es, por su parte, un autor de la memoria y un irredento experimentador de medios expresivos divergentes, como se ve en sus obras llamadas Sin título. En Inka Essenhi (Belfonte, Pennsylvania, EE.UU., 1969) lo que destaca es el poder de la imaginación y el anacronismo, como puede verse en Ceniza volcánica, en tanto que en Bhupen Khakhar (Maharashtra, India, 1934) la resonancia mítica, basada en la memoria y en la experiencia, cobra manifiesto interés, como en Elefantes divirtiéndose en el agua.
Pero no todo para los nuevos autores es sensitivo, dionisiaco, evocador, sentimental. También hay en ellos rebeldía, como en Gabriele De Matteo (Torre del Greco, Italia, 1957), para quien la pintura se revela como un medio de expresión pobre en la era de las nuevas tecnologías, pese a lo cual pinta obras como Marcel Duchamp. Vida en imágenes, con ilu.rtracione.r de André Rafray, el gran cristal; Neo Rauch (Leipzig, Alemania, 1960), un pintor del fracaso de la utopía del Bloque del Este, cuya obra Felsen dice mucho de esto, o Peter Rostovsky (San Petersburgo, Rusia, 1970), apasionado por el rock duro de los años setenta y ochenta, que sublima, un auténtico romántico que no puede negar influencias del siglo XIX siendo terriblemente moderno, y Epifanía modelo 2 es un buen ejemplo de ello.
Es, en definitiva, Vítamin P un magnífico ejemplo, una hermosa propuesta que va más allá de un Who is who cualquiera, una apuesta brillante y bella, una espléndida demostración que merece la pena, un material de referencia ineludible tanto para los que ya llevan a sus espaldas largos trayectos y son, por méritos propios, consumados especialistas, como -por su valor divulgativo- para quienes tienen la asignatura pendiente de conocer el arte todavía y quieren subirse al tren del goce.

Ficha del libro: Schwabsky, Barry (editor); W. AA. Vitamin P Nuevas perspectivas en pintura. Phaidan Press Limited.

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