Todo sobre mí mismo.

Rosa Olivares
Exit Book, Libros de Arte y Cultura Visual nº 11

 

Foto Urs Luthi. I’ll Be Your Mirror, 1972. Cortesía del artista

“Every text one writes is autobiographical; anything else would be plagiarism.” Augusto Boal

 

Efectivamente, estamos siempre, todos, hablando de nosotros mismos. Pero solamente al artista se le permite sin que sea tachado de ególatra o narcisista. Parece ser que estos dos adjetivos son intrínsecos a la figura del artista, del autor. Al artista se le permite todo porque, de alguna manera, nos representa a todos los demás, en él nos proyectamos y nos reconocemos. Uno de los protagonistas de Balzac lo reconoce: si fuera funcionario o peluquero me llevarían a la cárcel… pero soy artista. Cualquier cosa que haga un artista será vista como algo especial, tal vez una excentricidad, posiblemente un gesto avanzado a su tiempo, un guiño excesivamente brillante para el público… una genialidad.
Desde la antigüedad, incluso antes de que el concepto de artista se estableciera en los parámetros en que hoy lo aceptamos, esa figura de creador es especial. Un creador, alguien que genera belleza, orden y caos, se acerca demasiado a Dios como para ignorarlo. Hasta el día de hoy (tal vez más escépticos sobre la genialidad de un individuo, o tal vez con demasiados individuos que se llaman a sí mismos artistas sin que la comunidad acepte esa calificación) los artistas son aceptados como excepciones a las normas: una artista puede hacer una performance y denunciar un estado de represión sin ser llevado a la cárcel, como le sucedería a cualquier otro ciudadano; un artista se puede desnudar en la calle, puede medir el territorio con una cinta métrica, puede andar y hablar por horas y kilómetros, siendo seguido, como un flautista de Hammelin o un profeta loco, y su alteración de lo normal es aplaudida y estudiada. Son los artistas. O tal vez, sea el arte.
Es cierto que, si el canon somos nosotros mismos, el artista siempre está construyendo una autobiografía, con el riesgo de ser un simple plagio si el discurso sobre sí mismo no es realmente auténtico. Es el riesgo de que la historia, el tiempo, te trague, te pulverice y te olvide para siempre. Los que no han sido olvidados han generado una de las ramas más literarias de los estudios visuales, el estudio de las biografías, de las vidas de los artistas y su relación con sus obras. El texto y el contexto, y en el centro, la figura, brillante y atractiva, del artista, la idea del genio. El autor que con sus textos, con sus obras, genera la materia de los estudios. Y, finalmente, el estudio de la vida de ese autor, de ese artista: su biografía y su autobiografía. Su existencia no es nada nuevo, pero sí su sistematización, su análisis bajo unas ópticas más polisémicas, que incluyen la lingüística, la sociología, la historiografía, la crítica del arte, la psicología, la semántica, la filosofía del lenguaje…
Las biografías, autobiografías, los estudios sobre las vidas de los artistas, componen una larga serie de textos que se remontan a los inicios del Renacimiento en Italia y se suceden en el tiempo hasta llegar a nuestros días, cuando se afirman como un auténtico género con sus subgéneros y sus características peculiares.
Todas las historias que en la antigüedad procedían de las familias y compañeros del artista, de sus clientes, toda esa especie de mitología se iba recogiendo en diferentes textos que acababan por convertir al artista en mito, acercándolo a los héroes griegos, a medio camino entre los hombres y los dioses. El ejemplo más característico podría ser el de Miguel Ángel, cuya vida aparece marcada hasta por avisos crípticos en la fecha de su nacimiento. Hoy toda esa mitología surgida del desconocimiento de los datos reales y de una vaga necesidad de encumbramiento popular, se sustituye por la gran cantidad de textos, entrevistas, declaraciones de los artistas, y de sus propias autobiografías, las biografías encargadas, los catálogos razonados y las monografías, junto a los catálogos de las exposiciones en las que intervienen. Con todo este cuerpo bibliográfico poco parece quedar para la construcción de un mito. Aunque no faltan los artistas que intentan crear una serie de signos, incluso en sus nacimientos, que los entronquen con la magia del genio (Miquel Barceló siempre ha presumido, haciendo un juego rebuscado, que los nacimientos de diferentes artistas se encabalgan hasta coincidir con su propia fecha de nacimiento, haciéndole así heredero de una saga de genios entre los que está Goya, por ejemplo).
La realidad, hoy en día, es que el artista crea una gran parte de su trabajo en torno a sí mismo, y cuenta su propia historia y experiencias de una forma casi obsesiva. Y si en la historia de la pintura abundan los autorretratos de los pintores, en el arte actual hay artistas que construyen toda su obra sobre sí mismos. La lista sería inacabable, aunque podríamos hablar de Francesca Woodman, Cindy Sherman, John Coplans, Sophie Calle, entre otros muchos, como totales y absolutos protagonistas de su trabajo, y de otros muchos que utilizan su propio cuerpo no tanto de una forma autobiográfica sino ejemplarizante, como un sujeto narrativo, o como el lugar donde ocurren las cosas. Siendo así que si el conocimiento del cuerpo del artista, de su rostro, es el inicio de una construcción biográfica de éste, el arte actual se centra en gran medida en estas biografías físicas, y tal vez la fotografía ha trazado un camino más fácil aún para que el artista hable de sí mismo.
La cercanía a la literatura, su carácter abierto, que trasciende los géneros y delimita unos límites no necesariamente rígidos, sitúa a la biografía, y a todos sus estudios colaterales -como la autobiografía- en un terreno de estudios altamente atractivo, especialmente por lo que tiene de punto de cruce entre teorías y tendencias críticas, y en un momento histórico que es sin duda un excelente caldo de cultivo para el desarrollo de estos estudios, pues hoy la obra de un gran número de artistas traza claramente una autobiografía visual antes aun que una biografía literaria. Y es que, como decía Augusto Boal al inicio de estas líneas, finalmente todo lo que escribimos es parte de una autobiografía, excepto cuando simplemente copiamos las vidas de otros.
Anuncios