Tras las huellas de un suicidio. Jeanne Hébuterne


Jeanne Hébuterne fue una pintora francesa, nació el 6 de abril de 1898 en Meaux, Seine-et-Marne. Desde siempre se interesó por el arte y, dado que era mujer, su familia le permitió tal entretención sin mayores reparos, no imaginaron ellos que sería ese interés el que motivaría el encuentro. Descubrimos pues a la joven Jeanne inscrita muy temprano en la Académie Colarossi, y luego en la École des Arts Décoratifs, enfrentando sus ojos, esos ojos que atraviesan, al estudio del arte y la pintura.

Según la escritora Patrice Chaplin:

le gustaba la música y tocaba el violín […] Le gustaban las ropas y la creación de prendas de fabricación y color únicos. Eran exóticas, con influencias orientales. En vez de seguir la moda creaba su propio estilo. Le gustaban la música moderna, caminar, salir con sus amigos, charlar y frecuentar las fiestas. Al mismo tiempo era reflexiva, muy perceptiva y muy sincera al hablar de si misma.”

Jeanne Hébuterne tampoco era una figura desconocida en Montparnasse, pues desde siempre solía frecuentarlo (la mayoría de las veces sola y en ocasiones con sus amigas o su hermano) aunque, y de nuevo siguiendo a la escritora Chaplin: “Jeanne no era luminaria de la vida de los cafés, sino una figura menor, interesante por sus exóticos turbantes, su capa marrón y sus botas altas.” Esta es la Jeanne que yo veo y a la que imagino sentada en una terraza de algún café de Montparnasse viendo con sus ojos pasar la vida y, confundido en ella un día cualquiera, viendo pasar a Modigliani, pues todo parece indicar que antes de la consabida presentación la joven ya le había echado el ojo al pintor.

Hébuterne by Modigliani

Amadeo Modigliani llegó a París a los 22 años. Era brillante, exquisito y hablaba el francés sin acento. Vivió en buhardillas miserables, en falansterios o comunidades utópicas cosmopolitas, en habitaciones de amantes eventuales, en hoteluchos de tres al cuarto, en la comuna de la rue Delta, de donde lo echaron por vándalo y camorrista. Con 14 años se mudó de casa 30 veces. Quería ser escultor, pero la tuberculosis, que le afectaba desde los 16 años, y su pobreza, que le impedía comprar la piedra, lo disuadieron de continuar. Entonces empezó a pintar.

“Es un ‘tipo’ conocido de mi hermano. Volví a verle en el establecimiento de M. Wassilieff. Luego le he ido conociendo más ampliamente junto con su amigo, que es músico. Los veo mucho en la Rotonda”

Eso era lo que escribía Jeanne a su amiga y confidente Germaine, compañera suya en la Académie Colarossi, y aunque no está claro que aquel tipo sea el pintor en cuestión, lo más posible es que fueron los ojos de Jeanne los que se posaron sobre Modi y lo eligieron. No al contrario. Y que fue ella, que bien al tanto estaba del temperamento del susodicho (todo Montparnasse sabía lo de la tirada por la ventana a Béatrice Hastings), quien eligió estar a su lado. Ya supondrán ustedes como salió la relación: Altos y bajos. Celos. Un embarazo al que Modi no puso mucha atención y que no impidió su infidelidad. Una hija nacida que jamás registró porque se fue al bar en vez de registar a la niña. Un segundo embarazo del cual lo primero que dijo al enterarse fue: “¡Que mala suerte tenemos!”. Y mucha hambre, mucha pobreza y mucho orgullo de parte de los dos. Sin embargo, entre los dos la pasión. Sin embargo, juntos eran fuerza.

Un día traen a Modigliani a casa. Jeanne le recibe empapado e inconsciente. Según quienes le vieron en su última noche de exceso, el pintor se veía como “un hombre gravemente enfermo, enloquecido y alucinado.” Jeanne le metió en la cama. Amadeo ya ha sido abrazado definitivamente por la tuberculosis. Al día siguiente, día de fiebres y delirios. Jeanne, sorteando mil dificultades, manda a llamar un médico y a Zborowski, marchante y amigo del pintor. El medico llegó, Zborowski no, su diagnóstico fue: nefritis, una infección de los riñones que el pintor ya había padecido y superado. Le recetó una medicina y reposo en cama. Amadeo sólo consentía en tomar alcohol y se levantó a terminar su último cuadro.

A la mañana siguiente, Modi amanece peor, pero impide que Jeanne salga de nuevo en busca de ayuda. Según la escritora Chaplin: “No había nada para comer, excepto sardinas; nada para beber, excepto alcohol.” Nadie llegaba, no había amigos que pasaran a visitar. Nada de visitas, ni una sola. En el estudio el silencio y en la mitad, los dos abrazados solos en una cama manchada de salsa de sardinas y apestosa a vino. “Jeanne dibujaba maneras de morir porque ahora, lo único que faltaba era decidir cómo morir ella misma.” Modigliani murmura incoherencias de cuando en vez. Durante una semana, soledad, hambre y silencio. Jeanne se aproxima al octavo mes de embarazo. La vida y la muerte se abren paso al mismo tiempo en el mismo cuarto, acaso más bien: combaten. Finalmente el pintor chileno Manuel Ortiz de Zárate, vecino y amigo de Modigliani, subió el piso que separaba su estudio del de Amadeo para ver cómo se encontraban. Les encuentra borrosos, abandonados a los límites de la cama y tomados de la mano. Al verlos en semejante estado inmediatamente llamó una ambulancia. Cuando le sacaban, Modi pronunció al oído de Ortiz de Zárate las que serían sus últimas palabras:

“He dado el beso de despedida a mi mujer. Tenemos asegurada la felicidad eterna.”

El 24 de enero de 1920 muere Amadeo Modigliani. Murió a los 35 de su propia vida, infectada también por la bohemia de las noches largas de hachís, alcohol, sexo, pendencias y otras ebriedades no menos líricas. Jeanne quedaba sola, embarazada y con una hija de un año.

Jeanne Hébuterne_Autorretrato

25 de enero de 1920. Calle Amyot. Número 8. Quinto piso.

Jeanne, de apenas 21 años, se encuentra de nuevo en la casa de sus padres. Ella con la ventana abierta y sus ojos fijos en la calzada. Se tira desde el quinto piso.
Su cuerpo se revienta contra el asfalto seguramente por el aumento en la aceleración que la caída libre debió tener por el peso extra del pequeño cuerpecito no nato que llevaba en su vientre. Jeanne unida a la eternidad y su rostro feliz.

No se sabe exactamente cuánto tiempo duró su cuerpo sin vida tirado frente a la casa de sus padres. Un obrero lo sube hasta el descansillo del quinto piso, pero los padres le tiran la puerta en la cara. No quieren saber nada de él. André Hébuterne, hermano de Jeanne y quien según la leyenda, fue el que presentó a la pareja de amantes eternos, pasa al obrero la dirección del estudió donde J. vivía con M. para que lleve el cuerpo a donde correspondía. La casera de la calle Grande Chaumière se negó a aceptar el cuerpo aduciendo que: “el inquilino monsieur Modigliani ya no vivía allí.”

“Finalmente el obrero, fue a la comisaría de policía, donde le dijeron que lo llevara de nuevo a la calle de la Grande Chaumière con una orden de la policía. Allí se quedó el cuerpo, abandonado durante toda la mañana.” Tampoco se sabe con exactitud cuantas horas duró el cuerpo en el estudio antes de ser enterrado, lo cierto es que: “Dos amigos de Modigliani cuidaron del cuerpo durante toda la noche para impedir la presencia de ratas.”

Contrario al entierro de Amadeo, que reunió al grupo más excelso de los artistas franceses reconocidos del momento, el de Jeanne resultó un entierro sencillo y discreto en uno de los cementerios más alejados de la ciudad, el Cementerio de Bagneux. Cerca de diez años después la familia hébuterne permitió que los restos de Jeanne fueran trasladados al Cementerio Père Lachaise junto a los de su amante eterno.

Tomado de:

http://delpasadoefimero.blogspot.com/2008/02/jeanne-hbuterne-y-modigliani-un-amor.html

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