De la apreciación de la belleza como forma del conocimiento

José Manuel Springer

Caravaggio. “Judith Beheading Holofernes”, c. 1598
Galleria Nazionale d’Arte Antica, Rome

En el último siglo el ideal de la belleza ha dejado de ser relevante en varios campos de la producción cultural y en algunas disciplinas del arte, concretamente en las artes visuales. No obstante, El ideal de la belleza sigue siendo, junto con la justicia y la verdad, uno de los valores por los que se guía la acción humana, la teoría y la creatividad, pero los conceptos y categorías de lo bello han cambiado drásticamente.

Llama la atención que las artes visuales hayan dejado la consecución del ideal de la belleza como fin, dando énfasis a la búsqueda de una praxis libertaria como meta. Esto ha generado conceptos de belleza alternativos y nuevas categorías estéticas diversas, que constituyen parte de la experiencia estética aunque no son centrales para la producción artística, como lo fueron en los siglos anteriores. Sin embargo la experiencia estética, la capacidad para percibir lo bello y actuar ante ello, continúa dominando nuestros consumos artísticos y visuales.

Hoy la belleza como concepto y origen de categorías estéticas experimenta dos tendencias: una, ampliar su variedad para incluir tipos que anteriormente no eran considerados como bellos, por ejemplo los objetos de producción masiva industrial; dos, se ha reducido la experiencia estética a la experiencia del placer (aquello que es agradable), ignorando las complejidades de la sensibilidad y la percepción. Ambas tendencias no son análogas, sino complementarias.

¿Qué es lo que originó este cambio de énfasis en la cultura y las artes visuales? Los objetos bellos no tienen características comunes, sino formas y características diferentes, por lo que no puede concebirse un concepto general de belleza. A pesar de ello, podemos hablar de rasgos comunes en la experiencia estética y establecer un marco amplio del criterio estético y de las categorías en que este se aplica.
Si la teoría de la belleza es el terreno de la estética, la experiencia de la belleza es objeto de la sicología. Está ligada a los modos de percepción y racionalización (categorización). En el siglo XIX la experiencia estética era circunscrita a lo sentimental (de ahí la profusión de Romanticismo) en contraposición a la experiencia estética del siglo XVII, en la que el orden de los elementos y la estructuras era central (por tanto el Barroco y el Neoclasicismo imperantes). No obstante, en ninguna época ha habido tantas categorías estéticas como la actual y esto se debe a una ampliación del estudio de la psicología científica (la sicología empírica existe desde la antigüedad clásica) y la ampliación del cúmulo de estímulos, sobretodo de imágenes.

El hedonismo que caracteriza a nuestra época (el hecho de buscar y categorizar el placer ante todo, aún como experiencia negativa de desagrado o fealdad) ha llevado a ver las cosas y los hechos (naturales, artificiales e ideales) en tan solo una de sus cualidades. Las personas y las cosas son valoradas en la medida del placer que prometan, por la intensidad y persistencia del placer que producen.

La experiencia estética proporciona un tipo de conocimiento: la mente encuentra en la experiencia estética una explicación de la esencia visible del mundo. El sujeto transfiere sus propias experiencias a un objeto u otro ser. El conocimiento (que entre otras cosas provoca placer intelectual) deviene de descubrirse uno mismo en un objeto diferente a sí mismo. Se trata de una percepción total, diferente a la percepción normal basada en captar elementos o rasgos importantes o necesarios del mundo.

La experiencia de lo bello surge con una emoción inicial, una excitación. Bajo la influencia de la excitación dirigimos toda nuestra conciencia hacia el objeto que la hizo surgir, delimitando el campo de la experiencia y centrando el interés en la cualidad percibida. A partir de aquí surge la contemplación que deviene en placer emocional, cerrando un círculo activo-pasivo de la experiencia estética.

Como sucede en otros procesos mentales, la experiencia estética implica no solo a las funciones perceptivas sino también a la memoria, que relaciona nuestra experiencia previa para dar un significado a la percepción, lo cual da lugar a una gradual toma de posesión del mundo (el conocimiento en sí).

En la actualidad la definición y la teoría de la belleza ( la estética) se confunden constantemente y comparten los elementos de la belleza con las facultades necesarias para experimentarla. Lo que determina la experiencia estética es la unión de sentimientos diferentes y una actitud mental activa y contemplativa, que pocos se permiten, tanto espectadores como productores de imágenes.

Cuando una obra de arte actúa a causa de su innovación y rareza (oponiendo lo bello a lo raro o lo nuevo) lo que hace es aumentar las variedades de la imaginación. Cuántas veces, no obstante, descubrimos con sorpresa que hemos hecho de las antiguas nociones de belleza algo desconocido, y por tanto se la ha clasificado como nuevo.

A continuación una lista de temas de belleza que han existido desde hace siglos y que siguen determinando nuestras categorías de lo bello.


La belleza como orden y medida simetría, armonía, número. Este tipo de belleza parte de la idea de que el arte nos purifica.


La belleza como idea relativa y subjetiva (concepto sofista), que se opone al tema platónico del ideal eterno de la belleza.


La belleza como unión de los contrarios (Heráclito)


Lo bello como adaptación de las cosas a un fin (Estoicismo)


Lo bello como adecuación de las cosas a necesidades vitales (epicureismo)

La belleza como luz, la belleza como característica interior, la belleza como orden y como experiencia de las cosas más ordinarias (Santo Tomas de Aquino) son conceptos que heredamos de la tradición cristiana.


La belleza como inspiración sublime, como ficción encantadora (en oposición a lo real ordinario) o como fidelidad a una idea mental (Rafael Sanzio) son conceptos heredados del Renacimiento.


La belleza como esencia o como el seguimiento de reglas preestablecidas son conceptos del Romanticismo y el Barroco.

Actualmente la estética se centra en el análisis de la lingüística (los nombres de las cosas), la belleza como choque (estética de la podredumbre) la belleza como empatía (transferencia de propiedades del objeto al sujeto y viceversa), la belleza como apertura de fronteras en el arte (iconoclasta) y la belleza como función (la Bauhaus, la arquitectura, el diseño).

Si bien todas las categorias de belleza seguirán multiplicándose, mientras que los tipos de la misma y el valor de lo bello segurá existiendo indefinidamente. Es importante darnos cuenta de que la gran cantidad de estímulos que recibimos día a día, también ha creado una cierta insensibilidad hacia lo bello. Pienso que incluso lo bello se ha vuelto raro y extraño. El problema de poder explicarlo con el lenguaje ha hecho que desconozcamos hasta nuestra propia experiencia estética. Me parece que en las grandes ciudades la sensibilidad se ha atrofiado y corrompido a tal grado que a veces tomamos como bello lo más obvio y pasajero. Aprehender lo bello toma tiempo así como un constante ejercicio de búsqueda activa y dedicación. Lo bello es lo difícil de ver a simple vista.

tomado de:

http://www.replica21.com/archivo/articulos/s_t/134_springer_belleza.html

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