CÓMO HACER HISTORIA DEL ARTE

 

CÓMO HACER HISTORIA DEL ARTE

  

“El gran arte supera el test del tiempo”, dice el adagio. Pero, ¿cómo es exactamente testada la obra? Dicho de otra forma, en un mundo donde todo puede ser arte y donde el concepto es el rey, ¿cómo el trabajo de un artista vivo adquiere valor? La respuesta descansa tras el mercado de arte, en el amplio terreno del mundo del arte donde los artistas y sus obras se someten a un complejo sistema de filtrado que los iniciados llaman validación.

 

La validación no es un camino recto. Si Ud. está realizando una carrera como contable, Ud. tendrá que enfrentarse con una serie de obstáculos; supérelos y habrá llegado.

En la vida de un artista es mucho más complicado; en un medio donde la regla oficial es romper reglas, el artista que se arrastra bajo el primer obstáculo, golpea sobre el segundo y hace un extraño quiebro en el tercero puede últimamente ganar el más alto reconocimiento. Casi por definición, un artista competente es un artista insignificante.

 

Todavía, hay momentos en los que los artistas encuentran aprobación en el disparatado mundo del arte. La mayor parte de esos menores de cincuenta tienen una titulación en Bellas Artes. Asistiendo a la escuela de Bellas Artes correcta, generalmente, pero no siempre, en una ciudad con una viva escena artística o cerca de ella, eso no solo es una forma de adquirir conocimientos, sino también de establecer un grupo de semejantes y una red de contactos.

 

Después de la graduación, el obstáculo mayor es encontrar un buen galerista que te represente. “La validación está en el corazón del negocio”, explica Ivan Wirth, un “dealer” con galerías en Londres, Zurich y Nueva York. Es nuestra experiencia, credibilidad es lo que más necesita un artista en su larga carrera. “Cuando reclutamos nuevos artistas, la calidad de su trabajo es lo más importante, pero cuando son jóvenes el experto solo dispone de unos pocos años para juzgar. Así que uno realiza una arriegada evaluación basada en su carácter”, dice Mr. Wirth.

 

Administración de la buena reputación

 

La reputación de una galería descansa en la estabilidad de sus artistas. La situación, tamaño y estética de la sala de exposición de la galería inspiran confianza, y los fuertes lazos curatoriales y sus acaudalados clientes marcan la diferencia. Pero lo que de verdad importa es el racimo de reputaciones artísticas. Cuando reclutan, los galeristas lo hacen con frecuencia por recomendación de los artistas que están en su lista. Esto ayuda a dar coherencia al programa de la galería y el reconocimiento de que los artistas son árbitros importantes.

 

Los artistas consolidados otorgan gravedad a los más jóvenes artistas de la galería, mientras que los jóvenes aportan la excitación de los nuevo. Hauser and Wirth por ejemplo, representa a Louise Bourgeois, una escultora francesa de 97 años, pero también expone el trabajo de Subohd Gupta, 45, un emergente posmodernista indio.

 

Matthew Marks Gallery en Nueva York, representa a Jasper Johns, un maestro americano de 79 años de edad, y acaba de fichar a Paul Sietsema, un artista de cuarenta y cinco años, pintor y director de cine de Los Ángeles. Las galerías emergentes a menudo necesitan la aprobación de ferias de arte prestigiosas para ser tomadas en serio. Las cuatro ferias líderes, en Basilea, Londres, Miami y París, tienen un exceso de aplicaciones y desechan muchas galerías. Estas cuentan con rigurosos comités de selección que imponen un control de calidad y evitan cualquier parcialidad o amiguismo.

 

De acuerdo con Amanda Sharp, copropietaria de Frieze, lo único que diferencia a un número uno es su integridad.  Intentamos tomar decisiones de forma tan equilibrada e informada como es posible.

 

Los más poderosos garantes tienen una gran reputación de independencia. Paul Schimmel, jefe curador del Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, dice que las instituciones validan a través de hacer exposiciones basadas en  investigaciones rigurosas evitando lo político. Mantenemos nuestra credibilidad trabajando con una gran variedad de artistas y curadores que revelan muchos puntos de vista. Mr. Schimmel prefiere el término iluminar a validar, explica que su trabajo como curador es hacer que el arte cuente.

 

Las obras de arte están entre las pocas “commodities” cuyo estatus se ve afectado por sus propietarios, así que los dealers toman mucho cuidado en situar sus obras. El comprador ideal es un museo público de arte moderno, y en años recientes coleccionistas con fundaciones privadas, como Glenn Fuhrmann en Nueva York, y Don y Mera Rubell en Miami, que han tenido un gran impacto en el mercado primario.

 

En países donde el estado muestra poca estima por el arte contemporáneo, el apoyo financiero es vital. En Italia, por ejemplo, la inteligente tutela que acompaña los esfuerzos filantrópicos de las casas de moda tales como Prada y Trussardi y algunas personas privadas como Patricia Sandretto Rebaudengo, una coleccionista de Turín, hacen de sus fundaciones importantes creadoras de opinión para artistas jóvenes. 

 

Los coleccionistas que venden sus obras demasiado rápido se arriesgan a ser considerados como coleccionistas marchantes o inversores especuladores, lo que les resta prestigio (algo que le ha sucedido a Charles Saatchi). Así todos aquellos que compran por el gusto del arte antes que por beneficio o por impresionar a su grupo son a menudo los más influyentes. Dakis Joannu, un aclamado conocedor con su propio museo en Atenas, explica: “no estoy interesado en el poder sino en el compromiso. Me gusta poner una obra en diálogo con otras obras, darles la oportunidad de comunicarse y ver si son capaces de mantenerse en pie”.

 

 

El modelo repetido en diferentes contextos testa la obra y construye una audiencia para ella. Museos, espacios de proyectos, exposiciones de grupo y retrospectivas ofrecen diferentes plataformas. Y no todos los museos son iguales. El Museo de Arte Moderno de Nueva York suele ser el juez más importante, pero instituciones tales como la Tate Modern y el Centre Pompidou tienen musculatura para ratificar sus artistas. Incluso así, la autoridad de una institución no es garantía de éxito; la mala acogida de una exposición en un museo de renombre puede ser peor que no hacer ninguna exposición.

 

Desde Andy Warhol, la exposición a los medios ha incrementado su importancia y un puñado de artistas son celebridades por poco tiempo. El trabajo de una artista necesita acumular un cuerpo interpretativo y, mejor aún, una serie de narraciones sobre la creación del trabajo que él realiza. Las personalidades de los artistas son importantes en el propio marketing de su obra. Para acabar, revisiones mordaces pueden ser tan convenientes como las buenas. Eso sugiere que el trabajo ha tocado nervio, profanado el buen gusto o establecido normas.

 

Consigues lo que pagas

 

Las casas de subastas especializadas sugieren que hay una estrecha correlación entre la calidad y el precio. Como Amy Cappelazzo, presidente de Christie’s en América dijo, “un alto precio puede resultar de dos personas con una fuerte emoción sobre un objeto de forma que desafía las leyes del mercado. No obstante, lo bueno vale más, por un largo margen”. El proceso de subasta rota la calidad y la recompensa.

 

Pero un alto precio de subasta puede ir precedido por una caída si un nutrido grupo de gente piensa que el artista no lo merece. Durante el boom, Anselm Reyle, un expresionista alemán que hizo una gran serie de abstracciones decorativas, estuvo haciendo grandes precios en las subastas pero su exposición en museos fue limitada y fue ampliamente sentido que su precios estaban estúpidamente inflados. Desde entonces han caído dramáticamenteIdealmente el mercado sigue otros mecanismos de validación. “Cuando los precios suben al cielo, las carreras de los artistas se desarticulan y puede ser dificultoso para ellos”, dice Victoria Miró, una marchante londinense. “Las casas de subastas tienen una enorme influencia en el corto tiempo, pero es una mala señal si la carrera de una artista se administra desde allí”.

 

La validación está estrechamente ligada a la percepción de integridad del artista y de las últimas verdades evocadas por su trabajo. Es un proceso complicado en el cual los diferentes constituyentes del mercado del arte -artistas, marchantes, curadores, críticos y coleccionistas- forman parte. Si ellos no creen en esto, la obra no pasará el test del tiempo.

 

Artículo extraído de The Economist

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