Pintura y espacio: una experiencia personal.

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Por: Joan Hernández Pijuan ///

La práctica de la pintura es una forma de conocimiento y no tanto de comunicación como generalmente se afirma; es una forma de aprendizaje continuo en el que la duda está siempre presente. No es un hecho puntual ya que no acepta ni principios ni finales lógicos. Habrá que aprender que la pintura no es algo para hacer bonito sino que es algo para dar un sentido. Ha de ser reflejo de uno mismo y tiene que partir de la ‘necesidad’ de pintar, tendrá algo de ‘hobby’ sobrepuesto a la profesión. Esta práctica de la pintura, por el hecho de ser más directa, por ser mi propio reflejo, sin trampas dialécticas ni ambigüedades, por el hecho de ser la obra que yo escogí hacer y en la que, por eso mismo, deberé correr mis propios riesgos, por el hecho de ser, en fin, mi propia verdad, ha de ser -o así tengo que creerlo- mucho más válida que mis propias palabras, evidentemente más generadas en palabras sobre palabras, en retóricas, o bien en el de querer explicar y, a menudo, justificar unas realidades ‘descubiertas’ en la ESPECULACIÓN ARTÍSTICA –que los filósofos o los teóricos pretenden siempre confundir con la filosofía o la teoría–, la reflexión de la cual será siempre la misma práctica pictórica.

Tomado de:

http://www.dardomagazine.com/castellano/dardo1/dardo1_joanhernandez.html

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