Locus Amoenus/Trinitas.

critica de exposiciones
escrito por Rodolfo Andaúr
04 de mayo de 2010
La textura y morfología de las imágenes presentes en distintos recintos religiosos distan bastante de representar el ideal de su creencia. En el caso de algunas iglesias católicas, la devoción aplicada, por los feligreses, a ciertos objetos del culto justifica, por una parte el arraigo local y, por otra, los juicios de valor que ha elaborado esta institución durante sus años de existencia.
Ésta Iglesia ha verificado que otorgándole a las imágenes, un valor de carácter perpetuo e inamovible –la creencia- ha logrado en sus seguidores incorporar su estabilidad votiva. En varias regiones del norte de Chile se puede apreciar los casos de la representaciones de vírgenes -la virgen del Carmen, de La Tirana, Nuestra Señora de las Peñas, etc- y la veneración de santos -San Lorenzo o el Apóstol Santiago, entre otros.

Pero también se obtiene un consenso de perpetuidad al observar la yuxtaposición de imágenes audiovisuales en conjunto con las figuras-íconos que involucran a los creyentes en la oración y meditación de los pecados. Estos rasgos de la forma y modo en los cuales las autoridades eclesiásticas difunden el dogma, de alguna manera, se diluye en la esencia misma de imágenes. En la Catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción se han concentrado una gran cantidad de vírgenes y santos que enaltecen aún más la idea de fidelidad al objeto y no a la fe.
Esa iglesia enfrenta a sus visitantes con una impresionante nave central que conduce a un altar decorado con una pintura de la Asunción de la Virgen y rematada con una escultura de San Miguel Arcángel en su cúspide.
Como otro aspecto significante –sobre la arquitectura- podemos mencionar que el edificio religioso iquiqueño resalta la inspiración lograda bajo los cánones estéticos neoclásicos que entregan un equilibrio a las formas y una moderación en la dinámica arquitectónica dentro de las ya conocidas estructuras religiosas, convirtiendo este templo en un lugar inigualable del catolicismo a nivel nacional. Asimismo como el neoclasicismo envuelve esa construcción a la vez se presenta parte de la idoneidad del pensamiento republicano chileno impuesto a fines del siglo XIX en los nuevos territorios. Por lo visto se complejiza aún más la visón de los habitantes del lugar constituyéndolos solo en unos demiurgos de la historia local. Esto ocurre porque la Iglesia que hoy conocemos es la que se levantó en los últimos meses en que Iquique formaba parte del territorio peruano.
Con motivo de las actividades de la Trienal de Chile, el día 8 de julio del 2009, los feligreses que visitaban la Catedral, no solo participaban de la eucaristía, sino que además se convertían en partícipes de una de las actividades más sugerentes en materia de artes visuales en los últimos tiempos.
En el lugar, el artista visual Demian Schopf expuso su obra Locus/Amoenus Trinitas que consta de 3 pantallas de LCD emitiendo una sincronía de cientos de manos con distintos movimientos en los dedos. Con está obra, el artista busca reivindicar en sus más profundas convicciones metafísicas el valor que posee la imagen religiosa y la posibilidad que estas gozan para confabularse entre las matrices medievales de orden pictórico que lograron readecuar y obtener cientos de adeptos en las culturas andinas.

Pero estas pantallas no solo iluminaban ese lugar, al mismo tiempo formaban parte de la decoración floral a los pies de las imágenes de Jesús, la Virgen María y María Magdalena.
A ambos lados de ese altar de madera enchapado con motivos góticos y neoclásicos, el artista dispuso estas tres imágenes para revivir y seducir con las variables ubicuas en La Catedral, sentenciando el propio nombre de la pieza: Locus Amoenus/Trinitas.
Por lo demás, cabe recordar que pocas veces la iglesia se involucra en proyectos de arte contemporáneo, pero es relevante señalar lo realizado por Fernando Prats y su proyecto Anástasis1 en la Iglesia Nuestra Señora de la Divina Providencia de Santiago, que obedece más a una búsqueda del propio artista con la historia de la Iglesia Católica y su manera de representarla. Entiéndase entonces que la obra de Schopf refuerza tanto los contenidos de la doctrina como la misma filosofía impuesta por la orden católica sobre las imágenes. Por cierto, Trinitas usa como dispositivo el circuito religioso, en cambio Prats lo alegoriza. Trinitas tiene su propio mensaje como parásito de la arquitectura, pero Prats pertrecha un mensaje religioso establecido y lo instala en él como una forma de expresar el mensaje de la Iglesia.

Volviendo a la obra de Schopf, una de sus máximas era entender y entregarle cierta certidumbre a esa religiosidad que muchos prefieren eludir cuando están en frente de imágenes. También, Locus Amoenus/Trinitas, viene siendo una lectura reflexiva sobre la Santísima Trinidad, sin embargo logra bloquear los cimientos de esa hipótesis con el espacio del lugar y la celebre frase del protosociólogo napolitano Gianbattista Vico: “lo verdadero y el hecho se convierten el uno en el otro y coinciden”.
Aunque este proyecto fue mostrado por primera vez en la Iglesia católica de la Santísima Trinidad (Trinitätskirche) en Colonia, Alemania, y alude, en estricto rigor –como lo afirma el artista- al problema lingüístico de lo decible e indecible en el campo del arte -y ¿por qué no? en el aspecto de la religión-, en Iquique la variable esta centrada en lo indefinido e imperecedero que puede ser la creencia en contra de la religiosidad.
Vico y su frase en respuesta a la cuestión cartesiana de la verdad -donde esta era ofrecida al hombre dentro de aquellas ideas claras y distintas que le resultaran evidentes- representa la interpretación global que puede definir a Locus Amoenus/Trinitas como una manufactura caracterizada por sus raíces analíticas profundas y filosóficas. Esto último porque simplemente muestra su propia verdad en el acto.
Locus Amoenus/Trinitas, ha sido pensado en los propios hechos relacionales que construyen los dilemas del verdadero significado que converge en tres imágenes y que lo hacen creíble para los ojos y sentidos de todos, en especial, los feligreses. El sitio veda su lugaridad ampliándose a una acción performatica que por logra establecer un emplazamiento de obra y sitio, así como al mismo tiempo muestra su atemporalidad.

Con estos antecedentes, no se puede omitir que para la historia regional, la verdad absoluta de toda nuestra nación se ha construido en hechos que fueron producidos y enterrados en La Catedral de Iquique: el velatorio de los héroes del Combate Naval; el gran triunfo militar chileno como receptáculo de lo nacional a nivel simbólico. El lugar manifiesta símbolos que en general han constituido diagramas de comunicación y convención, precisamente estudiados para esta región y que interpretan la imagen del héroe nacional.
Así, con la exhibición de Locus Amoenus/Trinitas, es imposible olvidar que han sido marcados los actos humanos que trataron de entregar una definición a la gran cantidad de imágenes presentes en tierras tarapaqueñas, especialmente, relacionadas a lo eminentemente religioso e infielmente pagano.
En este punto, donde conviven tres imágenes y tres monitores, existe una especie de determinación como base para nuestros sucesivos análisis sobre lo que realmente significa una imagen, dos imágenes o tres imágenes. ¿De que manera nuestra fe, depositada en una creencia religiosa, alberga la concepción sobre el verdadero significado de tres imágenes en una y una en tres?

Fotos: Vania Fernández Labbé
Tomado de:

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