HANS BELLMER

GINOIDES


HANS BELLMER


La represión sexual de este último siglo ha generado una obsesión por la muerte y el sexo.

El arte de Hans Bellmer no es el de la mutilación, sino el del exceso, el de la superabundancia, el del asombro. Hans Bellmer es un artista de los que usan material terrorífico por alguna “causa más elevada”, es de los que usa material amoroso/sexual de cualquier tipo, ya sea chocante o ilegal, que usan su asco y su enfado y sus verdaderos deseos de volcarse hacia la autorrealización y la belleza. Un verdadero nihilismo artístico; pero no el nihilismo muerto de la autorepulsión agnóstica. Incluso si es violento y abrasivo, cualquiera puede ver las diferencias entre el revolucionario arte de la vida y el reaccionario arte de la muerte.

La fotografía de Hans Bellmer tiene todo lo que se requiere para ser trivial, muestra directamente la realidad. Nada indirecto. Todo está en la foto sin segunda intención.

La fotografía de Hans Bellmer está enteramente constituida por la presentación de una sola cosa, el sexo: jamás un objeto secundario, intempestivo, que aparezca tapando a medias, retrasando o distrayendo. Pero la fotografía de Hans Bellmer es también una investigación de las pulsiones.

Hans Bellmer nació en Kattowicz (Alemania), en 1902, hijo de un ingeniero de carácter autoritario. Durante su juventud es obligado a trabajar en una mina de carbón e inscribirse en la Technische Hochschule de Berlín (1923). Su pasión artística pronto le libera de esta situación y el famoso dibujante George Grosz (1893-1959) le enseña la profesión mientras trabaja como tipógrafo en Berlín. En 1927 se casa con Margarete, que le ayudará cuando inicie el montaje de sus muñecas en Berlín-Karholst, imágenes bizarras de impúberes muchachas desnudas. Hechas primero de juguetes rotos encontrados en una caja de su infancia, estas muñecas corresponden a una visión sádica, de la que la niña que representa es víctima de los peores excesos. Niña mártir y reina del deseo, juguete capaz de hacer pícaros guiños mientras exhibe la silueta de sus pechos, cínica por la libertad que otorga a la imaginación de eliminar las fronteras del erotismo, impúber e inocente de su impudor. En 1933 y como protesta por la ascensión del nazismo, abandona su agencia de publicidad y se refugia en una estricta vida privada.

Denunciado al partido nacionalsocialista por degenerado, se traslada a París en 1935 para pasar a formar parte de la vanguardia surrealista junto a Marcel Duchamp (1887-1968) o Man Ray (Emmanuel Radnitzky / 1890-1976), entre otros. Obtiene la fama y el reconocimiento por las fotografías de ginoides adolescentes publicadas en diciembre de 1935 en el número 6 de la revista Minotaure bajo el título “Variaciones sobre el montaje de una menor articulada”. En 1936 edita un libro, “Die Puppe” de fotografías de muñecas femeninas articuladas que definen su trabajo desde aquel momento como un estudio erótico de la anatomía impúber. Fotografiadas por Man Ray, recogidas por Marcel Duchamp en su trabajo “Large Glass; The Bride Stripped Bare by her Bachelors, Even” (1925) y por el mismo el tono escabroso de su trabajo, escandalizo a muchos e hizo de él, el hijo favorito del surrealismo.

En 1938 muere Margarete. Al año siguiente es detenido por su condición de ciudadano alemán e internado en el campo de concentración francés de Milles. Tras ser puesto en libertad en 1941, tira su pasaporte a un cloaca y se refugia en Touluse, donde en 1943 tiene lugar su primera exposición en territorio francés. Ese mismo año vuelve a contraer matrimonio con una mujer que le dara dos hijos y de la que no tardará mucho en separarse. Durante la ocupación de Francia por los alemanes, Hans Bellmer empieza a trabajar con insistencia en el tema de la arquitectura de ladrillo. Subterráneos y sótanos delirantes que se confunden y retuercen. En 1946 regresa a París y un año después toma parte en una exposición en la galería Maeght. Por entonces conoce a Nora Mitrani, cuya prematura muerte interrumpirá la redacción del libro “Rosa de corazón violeta” que ella le había dedicado.

Frente a la tendencia de los artistas modernos a considerar las cualidades formales de una obra artística como el aspecto principal, Hans Bellmer reafirmó la importancia de la materia. Su objetivo era que sus fotografías contaran una historia, una historia sin sentido, como ocurre con los sueños, una historia irracional que turbe al espectador y le transmita terror y asombro.

En 1953 empieza una nueva etapa en la vida de Hans Bellmer. En ese año, durante un viaje a Berlín-Oeste conoce a Unica Zürn, con quien vivirá a partir de 1955 en París. El rostro agudo de esta mujer, aparece en numerosos dibujos de Hans Bellmer que por entonces alcanza la plenitud de su expresión. Pero Unica Zürn sufre de esquizofrenia y las crisis alternan con los tratamientos y las recaidas. Tras aparecer desnuda y encadenada en la portada del número 4 de Surréalisme même (1957) en una fotografía de Hans Bellmer, sus crisis aumentaron. En 1970, Unica Zürn se suicida arrojandose al vacío desde una ventana.

“La belleza será convulsiva o nada”, escribió André Breton (1896-1966), el poeta considerado padre espiritual del movimiento. Para los surrealistas, como Hans Bellmer la fantasía no era una parte del arte: toda experiencia humana debía ser fantástica. Su punto de vista del papel del subconsciente en la vida y el arte se derivaba de las teorías de Sigmund Freud (1856-1939).

Como se puede apreciar fácilmente, hay algo llamativo en las muñecas de Hans Bellmer y algo repulsivo que nos atrae, nos seduce y nos hace sentir impuros.

Las muñecas de Hans Bellmer son atractivas y repulsivas porque nos agrede; porque nos recuerda que somos creadores y no sólo descubridores o técnicos. Y si creamos, ¿de dónde sale la criatura parida? Tenemos miedo al subconsciente, le tememos, y más que al subconsciente a la nada de la que surgen nuestras ideas. Somos pequeños dioses y no queremos asumir nuestra responsabilidad. Toda obra creada es un hijo de la mente.

¿Qué vacío hay en nosotros que produce monstruos y esculpe ojos delicados, gargantas estilizadas, piernas impúberes y sentimientos perversos? No queremos abrir los ojos ante la obra de Hans Bellmer porque le tenemos pánico, horror, al vacío de donde surge. Nos tenemos miedo a nosotros mismos. A nuestra putrefacción interna, ya que lo neguemos o no cada día nos pudrimos un poco más.

Tomado de:

http://www.pobladores.com/channels/cine_y_television/THeWiLDoNeS/area/56

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Un pensamiento en “HANS BELLMER

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